lunes, 24 de octubre de 2016

Deseo

Que la vida te lleve como a los peces la marea.
Que la suerte contigo sea justa  y plena en cada suspiro.
Que una siesta no entienda de despertadores y dure lo que vos quieras.
Que te canten de la forma en que tus susurros lo hacían en mis oídos.

Que la lluvia suene mas fuerte que los sonidos continuos de una red social.
Que no te congele la arena del reloj y el paso de los años.
Que te toque en un Jack el juguete que mas deseas.
Que te besen como aquel que en vano sueña a diario con tus labios.

Que arda tu risa mas fuerte que el sol de la mañana.
Que no interese contarle a facebook que sos feliz.
Que una mirada, como flecha de Legolas, te atraviese el alma.
Que alguien haga brillar tus ojos como a la madera el barniz.

Que los miedos solo sean cuentos de niños.
Que solo llores cuando te tiemble el cuerpo de felicidad.
Que te protejan como guantes en invierno del frío.
Que mañana ya no huyas si alguien te firma un tratado de paz.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Creo que estuvo bien.

¿Y vos que pensás de eso? Yo creo que estaba bien matarnos de risa de cosas sin el menor de los sentidos. Creo que sirvió nunca habernos traicionado, ni sufrir de amnesia con aquellos que siempre nos curaron, como suave brisa en las heridas, como instantes antes del anochecer de verano, como estar bajo las frazadas en un día frío de aguaceros.
Sabemos bien que esto no nos consuela ni nos salva. Hacer las cosas bien no garantiza a nadie que en algún momento algo o alguien nos va a recompensar. Pero dormimos bien, sin remordimientos. Ese es el premio tan sutil como necesario. 
Nos tranquiliza estar de la otra vereda de quienes se enorgullecen de vivir equivocados por el simple hecho de que la vida está para eso. Siempre es mas fácil pensar así. Quizás así esa gente duerme mas tranquila. Como si a alguien le gustaría que lo despedacen cotidianamente, solo porque otro anda a los tropezones por seguir sus instintos. Como si el fin justificaría los medios. Como si todo se justificaría porque somos imperfectos. Como si no arrepentirnos de ciertas cosas -solo por sentirlas así- nos hace inmunes a las esquirlas que nuestras cagadas provocan a nuestro alrededor. Como si el dolor que provocamos a otros valga el azar de nuestros actos, mareados por no tener un instructivo de como hacer las cosas relativamente bien.
Si, estaba bien reír como locos de cosas sin sentido. Estaba bien embriagarnos hasta que el sol ardiera en las pupilas. Porque hoy perdimos esa chispa correctamente amnésica. Perdimos la risa y sus derivados.
Ese era el camino correcto: rompernos los huesos una y otra vez de intentarlo. Ese era el camino que hoy se cubrió de tinieblas y sombras y miedos incontrolables.
Creo que estuvo bien que me haya ido lejos para evitar verla en un banco del parque, en cada árbol multicolor de fines de Mayo, en los perros vagando en estos días tan fríos. Fue necesario aunque hoy los fantasmas convivan conmigo alguna que otra vez.

viernes, 8 de enero de 2016

Ayer, quizás.

Quizás fueron las constelaciones que habitaban en sus lunares
o las muecas de su boca con ciertas cosas que le decía.
Quizás sus ojos redondos cuando levantaba la mirada hacia mi
o la voz diferente con la que me hablaba cuando estábamos juntos.

Quizás el frío que a diario la hacía vulnerable a mis debilidades
o sentirla tan frágil cuando la abrazaba mientras dormía.
Quizás el tacto de su piel imborrable
o esos enojos dulces que hoy siembran hectáreas de melancolía.

Quizás no alejé sus infiernos y el frío constante,
quizás no pude cuidar su sueño como se requería.
Quizás no había necesidad de priorizar por sobre la vida
todo lo que fuera necesario para dibujarle una sonrisa.

O quizás, simplemente, no necesitaba que la quieran tanto.

miércoles, 6 de enero de 2016

El final. Parte I

Hacía días que el fin era eminente. Buscaba poner en blanco los pensamientos, tratando de olvidar la agonía unos días, unos minutos más. Ya no había fuerzas para pedir explicaciones, sólo la tristeza era más inmensa que mi creciente debilidad. Recuerdo como una pesadilla toda la situación. Recuerdo la puerta, y al entrar, la oscuridad y su silueta cortándome el aire y el pecho, como agujas que atraviesan las capas de la carne. Todos los escasos hilos tenues de luz se posaron sobre ella. Yo me centré en un punto fijo, quizás en un abismo o una galaxia lejana y desolada. Creo haberme sentado en su cama, quizás no. El caso es que lo que si insiste en quedarse indeleble en los recuerdos fueron sus palabras. Mientras, yo le daba la espalda para verla lo menos posible esperando lo irreversible, con el invierno momentáneo de diciembre congelando de los pensamientos nuestro porvenir. Mientras se cambiaba -como hablar del tiempo, del resúmen del día, de un plan espontáneo para una noche- me dijo: "Que te pasa?". ¿Acaso no lo sabía? ¿Acaso debía mirar con deseo lo que aguardaba impaciente lo inevitable? ¿Acaso no pasaba nada en aquel abismo que nos separaba, que nos cortaba el alma? ¿Acaso aún no presentía mis sospechas? ¿Aún no se acostumbraba a que un reciente y futuro extraño no debía ver su silueta semi-desnuda? Como si fuera tan fácil remendar lo que escapa a la carne.. Como si un jarrón que no debía hacerse trizas luego se intenta reconstruir por obligación y aún con todas sus partes en su lugar no encaja, ya no vale la pena. Como si para vos todo era normal en esa noche en que a cada minuto algo se rompía.. No dudaste el disparo y su estruendo: Dejaste llegar hasta todos los sentidos de forma casi espontánea y sin piedad aquella pregunta, como si ya nada se fuera a romper, como si la oscuridad venidera estaba fuera de alcanzarte.
Como si la vida no se te iba a escapar del cuerpo como a mi.

sábado, 2 de enero de 2016

Del sur

Siento como sonries con el sol
aunque te separen de mi lado
mares de tiempos y kilómetros.
Huyen con el viento helado del sur,
como plegarias soleadas de melancolía,
algunos fragmentos de aquel pasado
en que habitabas la vida misma, toda.

Bajo estas montañas solitarias
viaja aquel cálido y lejano calor de tu abrazo.
Escucho en la caída del día
de estos pueblos desolados
tu voz susurrarme un hasta mañana
con la paz del sueño por llegar
y el saberte de mañana despierta,
respirando entre mis brazos.

Sos del sur una vez más,
porque todas la cordillera conoce tu nombre,
como cada ruta desértica,
como cada ventisca que corta la piel,
como alguna vez lo hizo tu tacto, tus besos.
Sos del sur en espíritu, acá conmigo
porque no hay forma de esconder
tus recuerdos en la nieve, en un glaciar,
en una cerveza, en un lago turquesa de deshielo.

Porque estabas a mi lado en Madryn cuando las ballenas
hacían su número teatral para que te rías.
Porque un lunes de madrugada me abrazabas
de la brisa helada mientras cargábamos los instrumentos.
Porque te dibujé en algunos atardeceres durazno
camino a Esquel en las formas de las montañas.