Fue en esa etapa
de muertes simultaneas
cuando intenté recrear
algún momento de sol
que derrita el frío y
borre las huellas de tus noche.
Fue entonces cuando el alcohol
traía recuerdos nítidos
de aquel temblor en el hotel
de tu pueblo y la helada tras el vidrio
envidiaba tanto fuego.
Fue entonces cuando tu huida
me convirtió en un nómade sin brújula ni rumbo,
buscando desesperado aquellas lunas
que el cielo nos regalaba a los dos.
Fue entonces cuando dejé que te vayas,
a pesar de tus intentos por quedarte.
Ese fue mi regalo mas grande:
Entregarte ese doloroso amor eterno
haciendo que en una noche como hoy
yo te escriba y vos estés riendo.
Ahí entendí que las promesas
que le cantábamos a las estrellas
no entraban en una vida
ni en ninguna cabeza que intente comprender.
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